11.8.08

Taihuai

Sali de Beijing por la puerta grande y me subi a un tren nocturno en la plaza mas barata, viajando con la common people. Antes de entrar a la CAOTICA estacion pase por un super para comprar unas manzanas, pistachos y una botella de vino.
La 3a clase te quita un monton de comodidad, sobre todo para los viajes nocturnos donde si compraste segunda o primera podes apoliyar tranquilo en una cama. Pero lo bueno es que te da la posiblidad de conocer a un monton de gente que no deja de mirarte un segundo, compartir su comida y ofrecerte veinte cigarrillos cada quince minutos. Ahi mismo conoci a dos chinos que estaban estudiando en Beijing y volvian a sus pueblos. Compartimos nuestras provisiones y me aconsejaron un poco por donde seguir la ruta Chinese.

Un monton de gente viajaba parada en el tren y se acomodoban en el piso donde podian o sacaban unas minisillas plegables. El viaje duro unas siete horas y a las tres de la matina ya estaba en la estacion de Wutai Shan, parada proxima a mi nuevo destino: Taihuai.

Desde la estacion de tren me subi a un mini bus lleno de gente en su gran mayoria monjes y monjitas con la cabeza rapada.


Taihuai es una de las paradas espirituales mas importantes de China, el pueblito esta sumergido entre cinco montanas consideras como unas de las mas sagradas, un monton de peregrinos la visitan con sus tunicas y morrales de telas.

A las seis de la manana el conductor del minibus me despertaba con un sopeton en la cabeza, despues de recorrer el pueblo entero con la mochila a cuestas consegui un hotelito donde no me rompieron el budget, muchisimo mas caro que Beijing, una locura. Dormi hasta las once que me levante y con la camara en la mano sali disparado a recorrer.

El pueblo no vale nada, la pequena avenida principal no da a basto con las tiendas y restoranes que se disputan la atencion de la gente. Durante toda la tarde recorri cuatro o cinco templos y uno de estos me hizo subir mil escalones para verlo. Me sorprendio lo bien que lo subi, habiendo fumado un cigarrillo minutos antes decidiendo si subir la cuesta o no. Por suerte lo hice, en la subida me acompanaron unas monjitas que a cada tres escalones se echaban sobre ellos y apoyaban su frente, tambien habia un monton de mendigos y a muchos de ellos les faltaba algo o padecian de una grave enfermedad, mas la cuota de tienditas de souvenir vendiendo toda la parafernalia budista.

Es increible como todos los templos pueden llegar a transmitir semejante paz, y la energia que uno siente al ver esos gigantescos budas dorados no se puede comparar con ningun otro templo religioso. La mayoria de los monjes se dejan tomar fotos o el simple hecho de verlos rezar o caminar por ahi con la cabeza perdida en algun sutra basta para que uno se sienta bien.


Al dia siguiente me levante a las seis de la matina para agarrar el bus que me dejaria en Pingyao. Proximo destino.

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