2.12.08

Zapateando Calcuta


Estaba bastante nervioso antes de volar. Sabía que me estaba aventurando en una historia completamente distinta, quizás algo más cercano a los países del Norte de África: salvaje, intenso, poseedor de una química arrolladora que no dispone del tiempo para esperarte si no estas con todas las luces prendidas.

Asia Oriental te da la oportunidad de encontrar tu propio espacio, tu tuk-tuk amigo y tu barcito callejero donde pasar horas mirando a la gente caminar sin importar que tan rápido corran las agujas del reloj, y de esa manera, no tener que preocuparte por llegar rápido a tu hostal. Peca de ingenua, la gente es demasiado dulce, inocente, no se…quizás sonrían demasiado y den las cosas por sentado. Viajas sabiendo que podes caminar tranquilo por la calle, no tenes una gran cantidad de gente pisándote los talones cada dos por tres, y el único dolor de cabeza proviene de los motoqueros o rickshaws drivers que abusan de tu paciencia. Las estaciones de tren y bus son un placer, no tenes que andar sacándote de encima a dieciocho mil tipos tratando de llevarte a sus hoteles o agencias de turismo. Y un simple “No estoy interesado” es más que suficiente para ellos.

India es la antípoda. Un colega belga que conocí viajando por Laos me dijo que para la India no existe un punto medio: la odias o te enamoras desde el primer momento, como una película de Wes Anderson. El choque cultural no es fácil si la India es el primer punto de partida para una persona que viaja por primera vez fuera del mundo Occidental. Las ciudades son sucias, la miseria no se esconde debajo de la alfombra, y las mujeres no son tratadas equitativamente. Pero si logras canalizar todo eso, digerirlo, y tomarlo como parte de la misma experiencia que implica viajar por estas latitudes, la India te puede recompensar con una gran diáspora de colores, sonidos y olores más allá de todo lo experimentado hasta el momento.

No puedo dejar de comparar a la India con un país como por ejemplo Marruecos. Hasta las fisonomía cultural es similar, el esqueleto social y la todavía arcaica pirámide de castas. Mas allá de los casi cien millones de musulmanes que viven aquí, los matrimonios arreglados, las mujeres dedicadas al trabajo hogareño y al cuidado de los niños, la infaltable llamada al rezo proveniente desde los minaretes de cualquier mezquita urbana y el te de menta están a la orden del día, son muchas las similitudes que conecta a la India con los países Árabes.

Pero claro…todo esto bajo la influencia de este gigante llamado India. Con su propia historia y cultura, una religión que no conoce de un sólo Dios, es más, unas quinientas deidades se reparten la atención de una población de más de mil millones de habitantes.

La India no te regala nada mas allá de lo que tenga que ver con ese arco iris natural que brilla permanentemente en cada esquina y rincón de una ciudad. En cada imagen que se transmite desde la ventanilla y a través del lento andar de un tren provincial, o desde el intenso ritmo saltarín de un bus colorido y sobre reservado. Imágenes y colores, las únicas cosas donde nadie exige baksheesh a cambio, están ahí, al servicio de la gente. Y sin darse cuenta son ellos mismos los que se visten de colores y se dibujan en imágenes.


Calcuta fue una inyección anímica, un golpe fuerte al corazón, destrabándolo de ese ritmo monótono y pausado que llevaba desde el Asia Oriental, y así dándole vigor y adrenalina. Un cachetazo enmasquerando un simple y siempre a tiempo 'despertate, ya dejaste la playa, ahora empieza una nueva historia'.

La ciudad no es amable en el sentido que no te recibe con los brazos abiertos, porque la amabilidad abunda en la sonrisa de la gente, los gritos de los niños que se amontonan para una foto y el rito ceremonial que significa tomar un rico chai callejero mirando a la gente pasar. Están quienes dicen que Calcuta no tiene nada que esperar, y ahí es donde se equivocan, porque mas allá de toda la pobreza que pueda llegar a haber, el futuro esta dentro de esa gente que se sigue levantando a las seis de la mañana para conducir un rickshaw, vender frutas sobre grandes tablones de madera y cargar maletas en la estación de tren.

La pobreza esta ahí, al alcance de una mano, solo tenes que abrirla para encontrarte con otra sujetándotela fuerte, y si tenes suerte, encontrar que esa mano es la de una persona que ya no le queda mucho por vivir, porque la pobreza no discrimina en Calcuta, se la ve en los niños de no más de cuatro años, caminando descalzos recolectando basura con una mano, y con la otra, sujetando la de uno más pequeño, los pies negros, los ojos grandes y vacíos, la mirada perdida.


Familias enteras viviendo en chozas improvisadas que sólo se pueden describir como infrahumanas, armadas sobre las propias veredas, montañas de basura a un costado, el constante pasar de la gente por el otro. Tipos con menos suerte directamente durmiendo sobre la calle, algunos completamente noqueados, despatarrados sobre el pavimento, semi desnudos y derrotados, más allá del ruido del tráfico.


La mierda y los canales de meo se multiplican por los barrios más humildes. Al principio lo llegue a relacionar con las vacas, que son sagradas y caminan tranquilamente entre la gente, pero eso cambió rápidamente cuando vi a un par de niños cagar en cuclillas sobre la calle.

Toda la ciudad está envuelta por esa pobreza y no existe un sólo metro cuadrado libre de ella. Bajo la sombra de las grandes construcciones coloniales, sobre las tiendas comerciales, en la parada de buses y entre las plataformas de las estaciones de tren. Para los hindúes la pobreza no es más que el castigo a una vida anterior llena de errores y pecados. El mal Karma, la reencarnación a una casta inferior, una nueva vida llena de obstáculos quizás con demasiado tiempo para pensar, un castigo durísimo.

El antiguo barrio Chino es quizás el epicentro de toda esta película. Se necesita de un estómago fuerte para poder absorber toda esa información. Mis piernas temblaron rápidamente, me fue imposible sostener toda esa crudeza, como si de repente un gran peso se hubiera posado sobre mi espalda. En ningún momento me sentí en peligro, simplemente fue demasiada la crudeza que se plantó frente a mí. Tuve que dar media vuelta y prender la retirada, procurando no mirar hacia atrás.

La primera noche me hospedé en un hotel cerca del aeropuerto, demasiado caro y básico, recorriendo el centro unas horas más tarde aproveché para reservar otro lugar mucho más barato y con más ambiente, en un callejón oscuro pero lleno de vida durante el día.


Calcuta cuenta con una sola línea de metro que se extiende a lo largo de casi toda la ciudad. Los taxis amarillos desfilan entre los rickshaws a pulmón, rickshaws a bicicleta, motos y coches particulares creando así un lindo quilombo de tráfico donde las reglas simplemente no existen. No es raro estar arriba de un rickshaw y encontrarte con toda una gran marea de todo tipo de cosas circulando en contra tuya. Una locura.



Visité un par de templos en las afueras de la ciudad que probaron ser un oasis natural entre tanto ruido y movimiento de gente. Para llegar tuve que tomar un par de buses de línea, el 60 a las seis y media de la tarde es un placer comparado con estos. Lo peor es que un tipo es el encargado de cobrar el pasaje metiéndose entre la gente, empujando y discutiendo si la mano se pone brava. Los buses cuentan con sectores reservados para las damas, pero no siempre son respetados.



Los templos realmente muy bonitos, arquitectónicamente muy logrados, especialmente uno que fue construido hace solo un par de décadas y de esa manera ha desarrollado una fusión de arquitecturas teológicas con el fin de conectar a todo el mundo. Lamentablemente estaba prohibido sacar fotos. Alrededor del mismo, una serie de jardines bien cuidados aprovechados por familias enteras pasando el día. Desde ahí me subí a un barquito que me llevó al otro lado del río para ver el templo dedicado a Shiva y uno de los más sagrados de Calcuta. El paseo no duró más de quince minutos pero con la buena fortuna de tener una vista inmejorable a los bancos del río donde mujeres lavaban la ropa con tranquilidad y luego la ponían a secar sobre el cemento.


Me puse al día con la historia de Calcuta en el impresionante Victoria Memorial, una construcción clásica que si no estuviera dedicada a la Reina Victoria de Inglaterra seria sin lugar a dudas uno de los íconos arquitectónicos más importantes de la India.

A Calcuta se la conoce como la capital intelectual de la India, donde los primeros movimientos independentistas surgieron a raíz del crudo imperialismo Británico. Se dice que aún hoy día uno puede mantener charlas filosóficas con la gente compartiendo un tarrito de chai. Yo no tuve esa suerte pero no faltó oportunidad de conversar con algunos tipos que se acercaron a mí. Tipos muy curiosos, largando preguntas del estilo estás casado o cuantos hijos tenes, preguntas que nosotros no formularíamos por rozar la falta de respeto pero que para ellos son fundamentales en el desarrollo de la vida misma.


Otra de las curiosidades son los potreros de críquet que se multiplican por toda la ciudad, en la misma calle o en los baldíos entre las dilapidadas construcciones. La ciudad es uno de los semilleros más importantes para el mejor seleccionado del mundo, un deporte que no solo trae fama y dinero, sino la posibilidad de poder saltar esa exasperante división social.




Sin lugar a dudas Calcuta fue el mejor punto de partida para este último tramo del Viaje. Una ciudad donde a pesar de todo me sentí muy a gusto, caminando, descansando, sacando fotos y matando el tiempo sentado sobre banquitos de madera tomando chai, simplemente dejando que la ciudad me llevara por donde tuviera que ser.



Dejé la ciudad en el Kolkatta Express de las once de la noche con dirección a Darjeeling. Los Himalayas me estarían esperando nevados y en el más absoluto silencio.

3 comments:

vero said...

Yo quiero un auto tirado por cabritas!!! jajaja! Les daría muchos besitos todo el tiempo! Hay otra buena foto pero no me acuerdo cuál era... cua!

mami gaby said...

andy, gracias por tanta emoción.. como me hbiera gustado ver todo eso con vos.. Dios que fuerte es!!
te amo, cuidate,
mami!!

ana said...

hola, solo queria felicitarte y decirte que tu blog ha sido el mas, intenso,entretenido y creativo que he leido, y te admiro mucho. queria dejarte con unas palabras de un autor guatemalteco: "Todo aquel que a los veinte años, se siente atraído por la poesía, por la pintura, la música, y renuncia, con el único fin de cultivar su arte preferido, a las dulzuras de la vida familiar, y se lanza a la conquista quimérica de la gloria, y se expone temerariamente a la miseria, es un bohemio". Me encantaría charlar con vos y preguntarte muchas cosas. mi mail es: analumontu@hotmail.com, escribime.